Fueron rescatados ya casi sin aire por pescadores de la zona.
Dos delincuentes jóvenes provistos de armas cortopunzantes atracaron a una turista que realizaba actividades deportivas en la playa cerca al sector de la cárcel de Riohacha.
La víctima pidió auxilio y varias personas salieron en su ayuda, al grupo se sumaron unos bañistas, y de un momento a otro los hampones se vieron perseguidos por una turba, cuyas intenciones hubiesen terminado probablemente en un linchamiento.
Para ponerse a salvo de los perseguidores, los ladrones se lanzaron al mar y comenzaron a nadar desesperadamente alejándose pronto de la playa.
Sin embargo, en esa desesperación llegaron a un punto tan distante de la orilla en el que no tocaban fondo, y además el agotamiento físico les impedía maniobrar, por lo que estaban a punto de morir por inmersión.
Fue entonces cuando empezaron a lanzar gritos de socorro, clamando ayuda inmediata, pues estaban sin fuerzas en un sitio profundo, es decir, enfrentaban una muerte segura.
La turba que los perseguía se percató del peligro que corrían los ladronzuelos, y de perseguidores pasaron al rol de salvadores.
Dos lanchas fueron alistadas rápidamente y salieron al rescate de los dos hombres, quienes subieron a bordo sanos y salvos, solo con el susto de las dos terribles experiencias: morir linchados o ahogados.
Una vez en la playa los sujetos entregaron lo robado a la víctima y terminaron agradeciendo que les salvaran la vida.
Los detenidos permanecen en manos de las autoridades.




































