Ante la ausencia de Hinestroza, el entrenador dejó de apostarle a la velocidad de los extremos y optó por la sociedad Sambueza-Cariaco.
Si bien Carmelo Valencia fue el héroe en el partido contra Millonarios, con un gol sobre la hora que dejó al Junior vivo en el cuadrangular A, el técnico Juan Cruz Real fue el otro gran responsable de la victoria.
El argentino, contrario a lo que mostraban sus antecedentes al frente del equipo, decidió cambiar la nómina inicialista en medio de una seguidilla de malos resultados, algunos humillantes como el 4-0 frente a Unión de Santa Fe que significó la eliminación de la Copa Sudamericana, y los jugadores que entraron respondieron a su confianza.
La ausencia de Freddy Hinestroza por lesión obligó al entrenador a buscar alternativas a la velocidad por los costados, y las encontró en los pies de Fabián Sambueza y Luis ‘Cariaco’ González.
El equipo, sin Hinestroza por lesión y Albornoz por decisión técnica, le apostó al juego corto de estos dos futbolistas, que tuvo su momento cumbre en el primer gol de los ‘tiburones’, anotado por el venezolano tras un toque fino del argentino.
El fútbol es un juego de pequeñas sociedades, de entendimientos, y el trabajo del entrenador es facilitar el engranaje de las piezas. Es decir, no todos pegan con todos.
El juego largo de Albornoz e Hinestroza, de explosión y velocidad, requiere sí o sí de un lanzador. Ese trabajo lo cumplió a cabalidad Yesus Cabrera hasta finales de abril, luego de lo cual el cartagenero no volvió a ser el mismo, se apagó. A partir de entonces la presencia en la cancha de ambos extremos careció de sentido.
Es poco probable que alguno de los dos tenga la capacidad técnica para filtrar un balón como el de Sambueza a Cariaco en el primer gol o para desmarcarse de un rival con un movimiento de cintura como el del venezolano antes de disparar al arco en la misma acción. Sus características no son mejores ni peores, son diferentes. Pero, ante la falta de ese lanzador, lo recomendable es continuar apostándole a esa sociedad.
Abrir la cancha fue asignado entonces a los laterales, y en este punto Juan Cruz tomó otra decisión acertada. Le dio la titularidad a Wálmer Pacheco y el barranquillero jugó su mejor partido en Junior hasta la fecha. Fue el Pacheco de Uniautónoma y La Equidad, que convertía la franja derecha en una vía férrea y era imposible detenerlo.
Sin extremos naturales en el terreno, con los laterales a cargo de llegar a la línea de fondo, el trabajo para los volantes se triplica, y en este punto el entrenador volvió a hacer lo correcto. Incluyó un volante de ida y vuelta como el recién promocionado Carlos Esparragoza y le cerró las puertas a Millonarios con un tridente del que formaron parte Didier Moreno y Daniel Giraldo.
Esparragoza, de gran experiencia en el Barranquilla pero con menos de un puñado de partidos en la A, es un mediocampista moderno como Didier y Giraldo, pero con una característica que el antioqueño no posee: orden. Contra Millonarios dio cátedra de posicionamiento en el campo. Mientras sus compañeros corrían y corrían, él siempre estuvo donde tenía que estar.
¿Alcanzará el buen desempeño del equipo para obtener un resultado favorable en Bogotá contra el mismo rival? La respuesta solo se sabrá el miércoles después de que termine el partido. Lo que no parece sensato es volver a cambiar.








































