Los temblores reúnen todos los ingredientes para una gran catástrofe y los científicos avisan del riesgo que supondrán las réplicas de las próximas horas.
Entre los sismólogos no cabe ninguna duda de que el terremoto de Turquía, de magnitud 7,8, ha reunido todos los ingredientes para causar una gran catástrofe. A la importante magnitud, poco habitual en Europa, se suma que el temblor se ha producido en tierra y cerca de zonas muy pobladas. «Cumple todos los requisitos para que sea muy muy devastador», asegura Juan Vicente Cantavella, director de la Red Sísmica Nacional del Instituto Geográfico Nacional (IGN). Y el peligro no ha pasado. Ahora las réplicas, que pueden llegar a tener una intensidad considerable, representan un importante riesgo, afectando a unas infraestructuras ya dañadas y a rescates en marcha. «Pueden ocurrir desgracias de nuevo con cierta probabilidad», apunta el experto.
El terremoto se ha producido esta madrugada en el sur de Turquía, en una zona en la que entran en contacto la placa Arábiga y la subplaca de Anatolia, lo que la convierte en un área susceptible a los eventos sísmicos. Pero el de este lunes ha sido el peor al menos desde 1939, según Turquía. El terremoto principal ha ido seguido de numerosas réplicas, la primera tan solo 11 minutos más tarde, con una magnitud de 6,7. Ahora, menos de doce horas después, se ha producido otro terremoto aun más potente, de 7,5, en Turquía central, es decir, en una zona más al norte, lo que ha disparado las alarmas.










































