25 años de la masacre en Nueva Venecia: el silencio que aún pesa sobre la Ciénaga Grande
A un cuarto de siglo del ataque paramilitar que dejó decenas de muertos y desplazados en el corregimiento palafítico de Nueva Venecia (Magdalena), la comunidad sigue esperando una reparación efectiva y justicia completa. Hace 25 años, en la madrugada del 22 de noviembre de 2000, un grupo de paramilitares del Bloque Norte de las AUC
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25 años de la masacre en Nueva Venecia: el silencio que aún pesa sobre la Ciénaga Grande
A un cuarto de siglo del ataque paramilitar que dejó decenas de muertos y desplazados en el corregimiento palafítico de Nueva Venecia (Magdalena), la comunidad sigue esperando una reparación efectiva y justicia completa.
Hace 25 años, en la madrugada del 22 de noviembre de 2000, un grupo de paramilitares del Bloque Norte de las AUC desembarcó por los canales de la Ciénaga Grande de Santa Marta y atacó el corregimiento de Nueva Venecia, ubicado en el municipio de Sitio Nuevo (Magdalena). Según la justicia, al menos 37 pescadores fueron asesinados, aunque los sobrevivientes afirman que la cifra real pudo ser mayor.
El 22 de noviembre de 2000 permanece grabado en la memoria colectiva de Nueva Venecia como el día en que el silencio se convirtió en tragedia. En la madrugada, hombres armados pertenecientes al Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia ingresaron por los canales de la Ciénaga Grande de Santa Marta y tomaron el control del caserío palafítico. Allí reunieron a habitantes, especialmente pescadores, y ejecutaron a varios de ellos frente a la comunidad.
Los sobrevivientes recuerdan que muchos fueron asesinados en la plaza, otros en sus viviendas y algunos mientras intentaban huir en canoas. El terror desatado provocó un desplazamiento masivo que dejó al pueblo prácticamente vacío.
Un cuarto de siglo después, las secuelas emocionales, económicas y sociales siguen presentes. Muchos habitantes regresaron años después para reconstruir sus casas sobre pilotes, pero con ellos también volvieron las ausencias: padres, hijos, vecinos y compañeros de faena que nunca regresaron.
Cada año, la comunidad se reúne para honrar a las víctimas, encender velas y recordar sus nombres. Para ellos, la memoria es un acto de resistencia ante el olvido.
Aunque la justicia ha emitido condenas contra algunos responsables, como antiguos jefes paramilitares, los habitantes aseguran que la reparación integral continúa siendo insuficiente. Denuncian demoras en proyectos de infraestructura, falta de garantías para la reconstrucción económica y pocas oportunidades para los jóvenes del territorio.
Líderes comunitarios insisten en que la masacre no puede verse solo como un episodio del pasado, sino como un capítulo que sigue afectando la vida diaria del corregimiento.
A pesar de la adversidad, Nueva Venecia se ha convertido en símbolo de resiliencia. Sus habitantes han impulsado iniciativas turísticas comunitarias, festivales de memoria y proyectos ambientales para proteger la Ciénaga Grande. El objetivo: transformar el dolor en acción y evitar que la historia se repita.
En este 25.º aniversario, la comunidad pide al Estado acelerar los compromisos pendientes y garantizar que las nuevas generaciones crezcan sin miedo. La masacre de Nueva Venecia no solo representa uno de los hechos más atroces del conflicto armado colombiano, sino también una deuda vigente con quienes, desde sus casas sobre el agua, siguen luchando por justicia, dignidad y verdad.
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