SAN ANDRÉS Y PROVIDENCIA EN RIESGO POR AUMENTO DEL MAR ANTES DE 2100

En esta nueva entrega de Intellecta, la revista científica de Uninorte: Investigadores de Uninorte usan los mejores modelos de predicción climática para entender qué podría ocurrir con el aumento del nivel del mar en el Caribe colombiano antes de 2100.

En un microcuento titulado «Del rigor en la ciencia» , Jorge Luis Borges dejó claro para los buenos entendedores el problema que entraña la elaboración de mapas y, por qué no, de cualquier modelo que construyamos de la naturaleza. El microcuento, publicado en 1946, que Borges atribuye a un tal “Suárez Miranda”, autor de “Viajes de Varones Prudentes, Libro Cuarto, Cap. XLV, Lérida, 1658” es este:

“En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas»A lo largo del siglo XX, los climatólogos han intentado algo parecido a los cartógrafos del cuento borgiano: crear modelos lo más fieles posibles del clima para poder entenderlo y anticipar lo que puede ocurrir en el futuro. Como en el mapa del Imperio, un “mapa” de toda la atmósfera permitiría saber qué ocurre al alterar cualquiera de sus variables. Permitiría saber, por ejemplo, cuáles pueden ser las consecuencias del aumento de los gases de efecto invernadero, del cambio climático. ¿Pero cómo crear un modelo de los vientos, la lluvia, los glaciares, los océanos, la temperatura del aire, los polos, los gases que emiten y capturan los bosques, hasta la salinidad de las aguas del mar?

Responsive ImageLoa primeros modelos del clima construidos alrededor de la década del setenta eran bastante primitivos. Pero con la aparición de computadores y luego supercomputadores comenzó a hacerse cada día más posible acariciar ese viejo sueño de los cartógrafos borgianos: mapas o modelos más desmesurados, más precisos y perfectos. Hoy al menos medio centenar de grupos de investigación han construido unos 100 modelos del clima terrestre. En la última década esos esfuerzos se han aglomerado y ordenado bajo una iniciativa conocida como el Proyecto de Intercomparación de Modelos Acoplados (CMIP, por sus siglas en inglés) que a su vez alimenta los informes que produce el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU.

“En su nivel más básico, los modelos climáticos usan ecuaciones para representar los procesos e interacciones que impulsan el clima de la Tierra. Estos cubren la atmósfera, los océanos, la tierra y las regiones cubiertas de hielo del planeta”,

explican una serie de autores del portal CarbonBrief. Un modelo climático global, un mapa que muestra los resultados de la interacción entre estos sistemas, normalmente contiene suficiente código informático para llenar 18.000 páginas de texto impreso. Por lo general se necesita una supercomputadora del tamaño de una cancha de tenis para que se haga cargo de un programa como ese.
En 2015 o 2016 uno de esos reportes elaborados por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático cayó en las manos del barranquillero David Francisco Bustos, que estudiaba ingeniería de petróleos en la Fundación Universidad de América y estadística en la Universidad Nacional. David entendió que justamente el uso intensivo de hidrocarburos y las costumbres modernas estaban llevando al mundo por una senda de alteración climática que provocaría el derretimiento de glaciares, aumento en la intensidad y número de huracanes, elevación del nivel del mar y mayores temperaturas, entre muchos otros efectos.

“Comencé a leer mucho sobre el tema”, cuenta David desde su casa en Concepción, Chile, a donde viajó para comenzar un doctorado en oceanografía en la U. de Concepción, “me interesó mucho la oceanografía y el cambio climático”. Tras concluir sus estudios de pregrado buscó una maestría donde pudiera expandir su conocimiento sobre el tema. En 2020, en plena pandemia, se matriculó en la Maestría en Física Aplicada de la Universidad del Norte y conoció al profesor Rafael Torres Parra, profesor titular del departamento de Física y Geociencias.

Rafael llevaba ya una década estudiando el problema de aumento del nivel del mar. Su doctorado en la Universidad de Southampton, Inglaterra, se enfocó en este tema. “Siempre estuve investigando el problema hasta donde los datos lo permiten, es decir, con datos desde el presente hacia el pasado. Pero la ciencia no se puede conformar solo con entender lo que ya pasó sino procurar indagar en lo que podría pasar. Y eso es relevante porque permite pensar en planes de adaptación que necesitamos para mitigar los efectos del cambio climático, cuenta.

Juntos decidieron revisar los modelos disponibles del Proyecto de Intercomparación de Modelos Acoplados a los que cualquier investigador puede tener acceso gracias a una filosofía de datos abiertos. “Todos son modelos globales. Lo que hicimos fue elegir los tres mejores modelos de la nueva generación para entender qué puede ocurrir con el mar Caribe”, explica David.

En el Caribe, que agrupa unas 700 islas, islotes, arrecifes y cayos, vive una población cercana a los 50 millones de personas y cualquier aumento en el nivel del mar representa una amenaza.

David y Rafael concentraron esfuerzos en el análisis de la presión atmosférica, la temperatura del aire y los vientos a nivel del mar, así como la temperatura, la salinidad de la superficie del mar y el aumento del nivel medio del mar para diferentes períodos entre 1850 y 2100.

“En nuestro planeta existen varios sistemas entrelazados”, explica Rafael, “la atmósfera, los océanos, el sistema terrestre y las masas de hielo y la biosfera. Antes se corrían modelos de cada uno de ellos por separado. Pero la gran riqueza de los modelos actuales es que están acoplados. Lo que pasa en el océano, por ejemplo, alimenta cambios en la atmósfera y viceversa”.