En Colombia apenas el 14% de los hogares rurales cuenta con servicio de alcantarillado. Los pozos sépticos son la principal opción para manejar las aguas residuales. Investigadores de Uninorte proponen una solución más ecológica, fácil de implementar, económica y eficiente.
Por: Pablo Correa @pcorrea78
Quien se acerque por los linderos del Parqueadero 12 de la Universidad del Norte se encontrará con una serie de cinco tanques negros dispuestos en forma escalonada, que dan la impresión de una huerta orgánica hippie o de algún experimento de estudiantes de biología. Tres de los tanques están “adornados” con plantas y todos se interconectan a través de tubos de PVC. Se trata, en realidad, de un prototipo para el tratamiento de aguas grises que podría convertirse en una solución barata y eficiente para miles de hogares rurales colombianos.
Y un problema adicional que no se puede dejar fuera de esta ecuación: “existe una brutal brecha entre las zonas rurales y las ciudades”. En Atlántico, por ejemplo, un 85% de las zonas urbanas cuentan con sistemas de tratamientos de aguas residuales, pero sólo el 14% de las zonas rurales. Un fenómeno que se replica en todos los departamentos.
Para una población dispersa, como las que habitan zonas rurales de Colombia, las PTAR son simplemente una fantasía. Por otro lado, los tanques sépticos, cajas de cemento o de concreto, pueden costar unos dos millones de pesos mientras los tanques “Imhoff”, que combinan dos cámaras de tratamiento, rondan los 4 a 5 millones. Ambos casos exceden las posibilidades de miles de campesinos.
Siguiendo esta misma tradición, Andrea Monroy investigó, para su tesis, sobre plantas macrófitas para descontaminar tanto elementos orgánicos como inorgánicos. Varias especies de plantas tienen la capacidad de remover metales pesados como mercurio, plomo, cadmio, metaloides como arsénico, y también nitratos, fosfatos y sulfatos, cuyo exceso en aguas pueden llevar a procesos de eutrofización.
El prototipo está conformado por un tanque inicial donde se realiza un primer proceso básico de filtración de un 30% de la materia orgánica. A este le siguen otros dos tanques donde se potencia la interacción de plantas y microorganismos y se remueve un 60% de la materia orgánica. En un cuarto tanque se remueve la materia inorgánica a través de plantas macrófitas. En el quinto y último tanque ocurre un proceso de desinfección y cloración permitiendo que el agua que llega a este punto pueda ser usada para riego.

El proyecto se inspira en los procesos biológicos que suceden en los humedales naturales, en donde se combinan las habilidades de las bacterias y de las plantas macrófitas. Estamos aprovechando la capacidad metabólica de estos organismos de transformar materiales orgánicos que para nosotros son desechos, pero para ellos son fuente de energía. Este es uno de los ejemplos de tratamientos biológicos conocidos como Biorremediación, los cuales se potencian como alternativas verdes a problemas complejos”, anota Andrea Monroy.
Alexandra Cerón, profesora e investigadora del Departamento de Ingeniería Ambiental de la Universidad Pontificia Bolivariana de Bucaramanga, cree que sus colegas “han presentado una buena alternativa para solucionar el manejo de aguas residuales en el campo colombiano” pero considera que no se pueden perder de perspectiva algunos obstáculos en este tipo de propuestas. En primer lugar, dice, “hay que tener en cuenta en qué casos aplicaría y en cuáles no”. Por ejemplo, la aparición de mosquitos en los tanques abiertos y con plantas acuáticas son un riesgo para muchas zonas del país.Pero quizás la mayor barrera que anticipa la profesora Cerón es cultural: “Hay que ver si una comunidad rural está dispuesta a implementar esto. Convencer a la gente que cambie algo que ya tiene por algo nuevo no es tan fácil. Además, para muchas personas en el campo el manejo de esas aguas grises ni siquiera representa un problema”.
Por lo pronto y antes los buenos resultados obtenidos, el reto siguiente, dicen los investigadores, será implementar más pilotos y lograr el interés de personas dispuestas a construir sus propios prototipos, poner a prueba la tecnología y ayudar a expandirla, inicialmente en la región Caribe













































