El 20 de febrero de 1928 fue cuando Altopino, en La Guajira fue testigo del nacimiento de uno de los más grandes juglares de la música vallenata.
Mientras en Barranquilla se celebraba el lunes de Carnaval, hace ya casi un siglo. Altopino, en el departamento de La Guajira era testigo del nacimiento de un hombre, que con sus letras inspiradas conmovió a más de uno y demostró que, cada quién puede ver el mundo a su manera. Pues, por designios de Dios o del destino nació sin la luz de sus ojos. Pero, podía ver con los ojos del alma y ese era Leandro Díaz.
El compositor a quien se le recuerda por éxitos, como Matilde Lina, La Diosa Coronada, Pasión y Duda, entre otros sin duda fue de esos hombres que dejaron una huella en el folclor vallenato. Pues, aun cuando en el año 2013 dejó este plano terrenal, su legado es imborrable, porque todo mundo conoce quién era Leandro Díaz y hoy que se cumplen 95 años de su nacimiento, es un gran día para recordarlo.

Aunque, el maestro Leandro Díaz no se desarrolló musicalmente, en su pueblo natal. Lo hizo en San Diego, en el departamento del Cesar. Allí fue donde el maestro se inspiró, para esos cánticos que lo inmortalizaron y también es el mismo lugar, donde tiene un monumento. Algo que no es producto de la casualidad, sino que esta fue la petición del desaparecido compositor. Quien manifestó que, en ese lugar era que quería un monumento y en 2007 le cumplieron ese deseo.
Es que, cuando el maestro hablaba de su pueblo adoptivo resultaba evidente como la alegría colmaba su corazón y todo su ser. “En ese paraíso de amigos y largas parrandas, salí a darme a conocer por todas partes y era justo que un monumento en mi honor quedara ubicado allá.” Eran las palabras del interprete, que tuvo que superar un sinfín de desafíos, por su condición.
El maestro solía recordar que, sus padres no tenían cuidado de él. Por mucho tiempo lo hacían a un lado, a causa de su ceguera y solo veían por sus hermanos, que eran quienes ayudaban en las labores del campo. Aunque, fueron tiempos de gran dolor y tristeza, al mismo tiempo eso lo ayudó a fortalecerse y a pesar de que cosas normales para otros a él se le dificultaban, supo salir adelante.
Precisamente, esos momentos difíciles fueron los que inspiraron su primera canción. La cual lleva por título Quince de julio. “Esa fue una canción de rechazo a mi familia porque me dejaban solo. Tenía que bajar al arroyo a buscar agua para bañarme y me caía mucho, rodaba pendiente abajo. Era un martirio y yo lo resentía. Mi mamá se mortificaba mucho cuando me oía esa canción y un día me rogó que no la cantara más. Le dije que era una promesa y se la cumplí.”
Aun así, gracias a estas melodías quedó más que claro cuál era su vocación y que su destino era ser una insignia, para el folclor vallenato y colombiano en general. Así que, el domingo 17 de junio, en recompensa a toda una vida de música e inspiración fue develado el monumento, elaborado por el escultor Jorge Luís Payares. La aceptación a este homenaje fue total. Aunque, algo más pasaba por la cabeza del maestro.
Entonces, el compositor le preguntó a su hijo por el valor de la estatua a su hijo Ivo Díaz. “Es bastante, pero queda un recuerdo imperecedero.” Esta fue la respuesta por parte de su hijo y sin duda alguna así es. Algo imperecedero, como el legado de Leandro Díaz es y será su monumento. Que hasta podría decirse, es más que merecido dada su importancia, para el folclor colombiano.










































