En días recientes, el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, anunció que viajará a Washington junto a otros mandatarios locales, pese a la advertencia del Gobierno Nacional de que deben contar con autorización para salir del país.
Por: Luis Eduardo De La Hoz López
El episodio ha generado una fuerte controversia, y es necesario poner sobre la mesa algunos elementos de análisis.
La política exterior de un país es una competencia exclusiva del Gobierno Nacional. Así lo establece la Constitución: es el Presidente de la República quien dirige las relaciones internacionales. Las alcaldías y gobernaciones tienen la misión de trabajar por el bienestar de sus territorios, pero no de representar oficialmente al Estado en el extranjero. Cuando un alcalde decide adelantar una agenda internacional sin la coordinación debida, se corre el riesgo de enviar mensajes contradictorios a otros gobiernos y de fragmentar la voz de Colombia ante el mundo.
Federico Gutiérrez sostiene que “no tiene que pedir permiso” para viajar. Pero el debate no se trata de libertades individuales sino de institucionalidad. La Ley 136 de 1994 es clara al indicar que los alcaldes deben informar y solicitar autorización para ausentarse del país. Más que un simple trámite, es un mecanismo de control que garantiza que la función pública no se vea interrumpida y que el viaje tenga fines legítimos. Desconocer esta norma puede sentar un precedente peligroso: el de mandatarios locales actuando de forma independiente en el escenario internacional.
Por otro lado, es preocupante que este viaje se presente en un tono de confrontación política. En lugar de construir puentes con el Gobierno, se utiliza la agenda internacional como plataforma para criticarlo. Esta polarización no beneficia a nadie: ni a las ciudades, ni al país, ni a la imagen que Colombia proyecta en el exterior.
Colombia necesita alcaldes y presidentes que, aunque piensen distinto, trabajen de manera coordinada para resolver los graves problemas de seguridad, pobreza y desigualdad que afectan a la población. Los viajes internacionales deben ser una herramienta para sumar, no un escenario para agudizar las divisiones internas.












































