Cada año son muchas las personas que se dan cita en Santo Tomás el viernes santo, para cumplir sus promesas a Dios por los favores recibidos.
No se sabe a ciencia cierta cuando inició esta tradición. Pero, los historiadores afirman que puede tener más de 200 años. La costumbre de flagelarse a sí mismos con la ‘disciplina’, como se le conoce al látigo que utilizan los penitentes, que cuenta con siete ramificaciones y finalizan con nudos hechos con cera de canato de abeja ha ido pasando de generación en generación y que muchos hoy día en pleno 2023 se preguntan ¿Por qué hacer esto?
Las personas que cada año participan en esta práctica explican que son parte de promesas. Algunas se pagan por anticipado, para recibir un favor divino en específico y otras se pagan después de recibir dicho milagro. La cantidad de veces en las que se hará varía dependiendo de cada persona y es que, hay quienes lo hacen una sola vez, otros dos y algunos incluso llevan toda su vida flagelándose.
Por lo general, las motivaciones son por la salud de algún ser querido y no son solo los tomasinos quienes realizan el recorrido. Personas de toda Colombia llegan hasta el departamento del Atlántico, para cumplir con sus promesas y se trata de todo un ritual, donde los penitentes cubren su rostro con una túnica blanca con cruces negras y un atuendo semidesnudo, con las mismas características de la túnica mientras se golpean la espalda baja con la ‘disciplina’, causando la hinchazón que luego es aliviada con siete cortes que dejan salir la sangre en uno de los pasos del ritual.
Aunque, la iglesia católica ve con buenos ojos esta práctica y la considera una tradición ancestral. Las iglesias protestantes no piensan igual. Estas afirman que, tras el sacrificio de Jesús, en la cruz del calvario no hacen falta este tipo de rituales. Aun así, los testimonios de los propios penitentes que afirman haber recibido milagros y demás respaldan la práctica. Además, está considerada una de las insignias de Santo Tomás, tal como sucede en época de carnaval con la gran Batalla de Flores y el reinado intermunicipal.
No obstante, la tradición parece que poco a poco se está perdiendo. Pues, al hecho de que la iglesia católica ha perdido fieles en los últimos años, también habría que sumarle el hecho de que hace tiempo el ICBF intervino para prohibir que menores de edad participaran de este tipo de rituales y también está el hecho de que algunos de los penitentes no lo hacen por fe. Hay quienes se aprovechan para ganar dinero con esta práctica y pagar mandas ajenas, restándole valor en cierta forma a la tradición.
Sin embargo, con todas estas dificultades la tradición continúa sin importar las adversidades y a lo largo del recorrido no solo existen flagelantes, también están quienes cargan cruces y objetos pesados como parte de promesas. Las cuales aseguran seguirán cumpliendo, por el favor recibido o que esperan recibir en un futuro.









































