Fueron dos los goles que marco Luis Díaz, ante el seleccionado de Brasil dos anotaciones que reflejan el espíritu del ser colombiano, que ante cualquier adversidad se antepone y sale adelante.
Por: Óscar Tobón
Los colombianos llevamos más de cincuenta años de violencia, matándonos unos a otros y a pesar de todo hemos podido construir con sus defectos y virtudes una nación que ha marcado un camino para poder sostenerse como país.
Por ejemplo muchos compatriotas como el caso de Luis, son reconocidos en el mundo entero por su trabajo, lo cual demuestra que los cafeteros como nos llaman cariñosamente alrededor del mundo, no solo somos conflictos bélicos y drogas, sino que también somos artes, deportes, ciencia todo lo que nosotros nos propongamos somos capaces de lograrlo así estemos pasando por el peor de los momentos, como lo demostró Díaz Marulanda aquella noche mágica en el gramado del estadio Roberto Meléndez, quien a pesar de haber sufrido el secuestro de su padre no se dejó vencer por la tristeza y el dolor que este absurdo flagelo produce en cualquier ser humano y vino hasta su casa para representarla con lujos de detalles y no le importó que estuviera enfrente uno de los equipos más importantes del fútbol mundial, él salto a la cancha con la gallardía y el tesón que nos caracteriza a los nacidos en esta tierra, y los enfrento como si fuera su último juego en este maravilloso deporte.
En esos noventa minutos nunca se vio distraído o apagado, como cualquier aficionado esperaría que estuviese, después de haber pasado ese trago amargo, siempre fue el Lucho que conocemos, con ese desborde por la banda derecha y esa picardía que lo caracteriza cada vez que tenía el balón en sus pies.
Se percibía que ese juego era especial para él porque antes de esos dos goles que fueron como puñaladas al corazón de los pentacampeones del mundo, Lucho tuvo una jugada en la cual el mostrando su extraordinaria habilidad con la redonda en sus zapatos eludió a varios brasileños y no pudo concretar la jugada, cuando por fin pudo levantarse cabecear esos dos balones que terminaron dentro de la portería de la” auriverde, para este simple observador de aquel hecho, histórico como lo fue la primera historia por eliminatorias a una copa del mundo de los nuestros ante Brasil, desde el fondo de mi corazón sentí, que cada salto de Lucho para conectar con su cabeza aquel balón, fue como cuando los cincuenta millones de colombianos nos levantamos cada vez que hemos tenido que afrontar una de las tantas situaciones de nuestra patria.
Los goles de lucho no son más que el reflejo de lo que somos como sociedad ante cualquier hecho adverso.











































