Cientos de niños se suben en la parte de atrás de camiones para llegar a la escuela exponiendo diariamente su vida.
Hoy el sol fue benévolo con los cientos de niños que esperan bien temprano el transporte escolar en los asentamientos de migrantes venezolanos en Maicao. En este barrio de calles amarillas y paredes de bolsas, madera y zinc los vehículos escolares son camionetas de estacas en donde los niños van en la parte de atrás en una hilera de madera, sosteniéndose de cuerdas para no caerse.
Rosa Urdaneta, madre venezolana dijo: “no podemos hacer nada porque a veces nosotros decimos para cambiar el transporte, pero a nosotros no nos dicen nada y nos toca transportarnos en eso”.
Los docentes de los colegios ubicados muchos de ellos en la periferia, van en la puerta exponiendo su vida y salvaguardando la de los niños.
“Esta es la vida del docente rural, nosotros recogemos todos los niños aquí en la pista y ellos van así y nos trasladamos grandes distancias para poder llevarlos al colegio”, señaló la docente Daniela Enciso.
Las maestras aseguran con tristezas el alto grado de deserción escolar que hay en estas comunidades. “Empezamos con 35 niños y ya cuando llegue diciembre terminamos con 10 porque ellos continúan migrando”. Señaló la profesora Chivelis Anaya.
Hoy la ruta de la profe Luz Mary se baró, los niños se quedaron esperando el camión que los lleva a las rancherías a recibir las clases, esperan que mañana la lluvia y los problemas mecánicos les permitan volver a sus salones.









































